domingo, 26 de junio de 2016

El club de los poetas muertos (1989) Pelicula Completa

DIEZ PELÍCULAS DE Robin Williams


Robin Williams Robin Williams ha muerto/2014. Las primeras informaciones apuntan a que este actor, considerado uno de los más entrañables por varias generaciones, optó por el suicidio. Una depresión, agudizada en las últimas semanas, lo habría llevado a tomar la decisión de acabar él mismo con su vida. Su familia lo llora y sus seguidores, contados por millones en todo el mundo, lo recuerdan con dolor y cariño. Robin McLaurin Williams, nacido en Chicago el 21 de julio de 1951, deja varias películas para el recuerdo. De sus más de 100 caracterizaciones en cine y televisión hemos escogido diez que resuman su versatilidad. 1. Good Morning Vietnam (1987) Dirigida por Barry Levinson, en esta película Robin Williams interpreta a un discjockey destacado a Vietnam. Su labor no es nada fácil: animar a los jóvenes soldados a través de la radio. Sus problemas empieza cuando Adrian Cronauer (el personaje de Williams) lanza comentarios sobre la guerra que no son bien recibidos por los militares. Anuncios alejados de lo políticamente incorrectos, que responden a la censura con imaginación, mucha ironía y exceso de sarcasmo. 2. Jumanji (1995) "Jumanji" significa en zulu "muchos efectos" y es el nombre de un juego de mesa que inspira un cuento infantil publicado en 1981. En este está basada la película de 1995 en la que participa Robin Williams. En la historia, el niño Alan Parris descubre un juego de mesa mágico, en el que queda atrapado. 25 años después, dos niños encuentran en juego y descubren la magia del juego y a un Alan mayor barbudo. Robin Williams interpreta al Alan ermitaño. 3. Good Will Hunting (1997) En este filme, el personaje de Robin Williams es un profesor de Química que busca ayudar a un joven que, pese a contar con un intelecto superior al promedio y que pudo ser calificado de pequeño como niño genio, es conflictivo, ha tenido problemas con la justicia y ha crecido en un entorno negativo. Así, el profesor Sean Maguire (Williams) viene a ser una suerte de linterna para que el genio díscolo Will Hunting (interpretado por Matt Damon) salga de la oscuridad. "Good Will Hunting", su nombre en inglés tuvo nueve nominaciones a los Premios Óscar, de los que ganaron dos, uno al mejor guión original (Matt Damon y Ben Affleck) y el otro lo ganó Robin Williams, como mejor actor de reparto. 4. La Sociedad de Poetas Muertos (1989) Imaginen el colegio internado para varones más conservador y rancio. En un sistema lleno de prohibiciones, normas a cumplir y presiones para ser los mejores, hay un profesor salido del molde que, alejado de los convencionalismos de la tradicional escuela, busca llevarle a sus alumnos la sensibilidad hacia el arte y hacia la vida. John Keating es el maestro aludido, lo interpreta Robin Williams. El filme ganó un Óscar por el mejor guión original. 5. Patch Adams (1998) En esta película protagonizada por Robin Williams, el actor da vida a un médico que ve en la risa y el humor una buena terapia para que sus pacientes olviden los malos momentos e incluso mejoren su salud. Patch Adams, el médico, se ve en problemas debido a las polémicas que despertarán sus técnicas son poco convencionales. Otro de los que actúan en este entrañable filme es Philip Seymour Hoffman, actor que también fue hallado muerto el año pasado. Adicto a la heroína, una sobredosis habría acabado con su vida. 6. Más allá de los sueños (1998) Se trata de una historia de amor que trasciende la vida. Robin Williams encarna esta vez a Chris Nielsen, un padre de familia que pierde a sus dos hijos en un accidente de tránsito. La vida de los Nielsen se derrumba y Annie, la esposa de Chris cae en una depresión que se hace más profunda cuando Chris también muere. Annie opta por suicidarse y Chris, desde el más allá deberá buscarla. No la tendrá fácil: en la ficción, quienes deciden suicidarse acaban en el purgatorio. El final es entrañable. 7. Popeye (1980) Si bien la película fue un fiasco en taquilla y no colmó las expectativas de los seguidores del clásico dibujo animado, este filme permite descubrir, una vez más, la versatilidad dramática de Robin Williams. Olvidémonos del argumento, tan simple como el de las caricaturas infantiles, e imaginemos el trabajo que debió implicar para Williams la creación de Popeye. Desde los gestos, la forma de caminar y las acciones exageradas. Un dato adicional: se trata del primer papel protagónico de nuestro artista en la pantalla grande; antes había tenido roles en la televisión desde 1977. 8. Noche en el museo (2006) Larry Daley (interpretado por Ben Stiller) busca dejar de ser ese personaje gris, mediocre y perdedor que ha perdido su trabajo, es mal visto por su ex esposa y su pequeño hijo. Así, consigue trabajo de vigilante nocturno en el espectacular Museo de Historia Natural de Nueva York. Cuando el Sol da paso a la noche, algo mágico ocurre en este lugar: todas las muestras cobran vida y se puede ver a animales de los cinco continentes dando vueltas por las instalaciones, así como a personajes históricos. Robin Williams interpreta a uno de ellos: el ex presidente norteamericano Theodor Roosevelt. Pese a no ser un personaje principal, el profesionalismo de Williams se ve en cada escena en la que aparece Roosevelt. 9. El hombre bicentenario (1999) En esta película ambientada en el año 2005, Robin Williams interpreta a Andrew, un androide distinto al resto: tiene sentimientos y expresa emociones al igual que un ser humano. Con el pasar del tiempo, 200 años después, Andrew deberá escoger si debe convertirse o no en un ser humano. Basada en un cuento del escritor de ciencia ficción Isaac Asimov 10. Señora Doubtfire, papá de por vida (1993) Aquí, Robin Williams es Daniel Hillard, quien se divorcia de su esposa y pierde la custodia de sus tres hijos. Pese a que los puede ver los fines de semana, Daniel se entera de que su ex esposa anda en búsqueda de una niñera y es en este punto que la película toma forma: experto en caracterizar personajes (hace el doblaje de películas), Daniel Hillard decide disfrazarse y hacerse pasar como una sesentona, la señora Doubtfire. Es así que se hace del trabajo de niñera y cuida a sus hijos todos los días. La serie de enredos que vienen a continuación refuerzan el mensaje final de esta película: un padre está dispuesto a todo por sus hijos.

sábado, 25 de junio de 2016

Julieta - http://www.sensacine.com/empresa/ficha-9031/


ESTRENADA EL 8 de abril/2016
Julieta 2016 ‧ Cine dramático ‧ 1h 39m 3,3/5 SensaCine.com 6,7/10 FilmAffinity Julieta es una película española escrita y dirigida por Pedro Almodóvar. La película protagonizada por Emma Suárez y Adriana Ugarte, que interpretan el antes y el después de la protagonista ... Wikipedia Fecha de estreno: 8 de abril de 2016 (España) Director: Pedro Almodóvar Guión: Pedro Almodóvar Historia creada por: Alice Munro Música compuesta por: Alberto Iglesias SINOPSIS SINOPSIS Película no recomendada a menores de 12 años. Casualidad o no, la vida de Julieta (Adriana Ugarte) en los años ochenta fue una gran época, la mejor. Pero en la actualidad, la vida de Julieta (Emma Suárez) es una catástrofe sin solución, una lucha por sobrevivir al borde de la locura. Solo un milagro la salvará. Y los milagros a veces ocurren… En esos 30 años de la vida de Julieta, entre los años 1985 y 2015, aparecerán un coro de personajes secundarios esenciales en su historia: la sirvienta arisca, austera y competitiva (Rossy de Palma), la amiga fiel e infiel (Inma Cuesta), el amante adulto (Darío Grandinetti), la casual y liberal compañera de viaje (Pilar Castro), la amiga de la infancia y responsable de complementos de una revista de moda (Michelle Jenner), la persona de gran intransigencia y superioridad moral (Nathalie Poza), también el padre de Julieta (Joaquín Notario), y la madre y abuela (Susi Sánchez) ausente, etérea y omnipresente. Y sobre todo, un hombre, un pescador gallego, (Daniel Grao) y su hija (Blanca Parés). La mayor parte del misterio y del dolor se refieren a ella, una desconocida para su madre, alrededor de la cual gira gran parte del drama. Un film que habla del destino inevitable, del complejo de culpa y de ese misterio insondable que nos hace abandonar a las personas que amamos, borrándolas de nuestra vida como si nunca hubieran significado nada. De todo ese dolor que provoca el abandono de un ser querido. Con Julieta, Pedro Almodóvar (Los amantes pasajeros, La piel que habito, Los abrazos rotos) vuelve al drama y al universo femenino. Almodóvar escribe y dirige este film protagonizado por Emma Suárez (Murieron por encima de sus posibilidades, La mosquitera, Horas de luz) y Adriana Ugarte (Palmeras en la nieve, El tiempo entre costuras, Niños Robados), que se meten en la piel del mismo personaje, Julieta, a lo largo de su vida, entre los años 1985 y 2015. El filme cuenta también con Michelle Jenner (Tenemos que hablar, Open Windows), Rossy de Palma (Incidencias, Anacleto: Agente secreto), Inma Cuesta (La novia, Tres Bodas de Más), Nathalie Poza (Truman, Todas las mujeres), Pilar Castro (El tiempo de los monstruos, Gordos), Darío Grandinetti (Francisco: el Padre Jorge, Relatos salvajes), Susi Sánchez (15 años y un día, La teta asustada) y Daniel Grao (La mula, Fin). Distribuidora Warner Bros Pictures España...

Tráiler de 'Julieta', de Pedro Almodóvar

Julieta, la última de Pedro Almodóvar en la que a la masculinidad ni cabida.


Se estrenó en abril... Tráiler de 'Julieta', la nueva película de Almodóvar EXPANSION.COM Pedro Almodóvar estrena el próximo abril 'Julieta', una cinta que, según palabras del propio director, supone "un regreso al cine de mujeres, de grandes protagonistas femeninas, y un drama que se pega muy duro". La cinta cuenta las adversidades de una mujer que durante tres décadas sufre el abandono o la ausencia de personas importantes en su vida. soy VIERNES, 24 DE JUNIO DE 2016 CINE Hable de ellas Universos femeninos y amores entre féminas son los ejes de Julieta, la última de Pedro Almodóvar en la que a la masculinidad ni cabida.
Por Alejandro Dramis - PÁGINA 12- ARGENTINA Julieta es un auténtico dramón, y desde el primer fotograma deja bien claro que no pretende sacarnos ni una sola sonrisa en sus noventa minutos, aunque sí unas cuantas lágrimas. La historia, que no tiene demasiados rodeos argumentales pero sí espacio-temporales, se centra en las vivencias de la Julieta que bautiza el film: mujer frágil, madura, al borde de la locura y viviendo sola en una Madrid nostálgica y ajena, en la que habitan viejos fantasmas que muy mal le hacen pero que tan necesarios son para su misión diaria por saber algo, lo que sea, de su hija Antía, que la abandonó repentinamente hace doce años y de la que desconoce por completo su vida y su paradero desde entonces. Así, la última de Almodóvar deviene una crónica de los sucesos que la llevaron a esta madre solitaria a transitar un presente desolador y difuso, ubicando el comienzo de lo que hay que saber en un tren nocturno que marcha por los años 80 españoles, cuando la Julieta joven, viajera cyberpunk y profesora de literatura clásica, mezcla de Madonna y Debbie Harry, conoce a Xoan, un pescador con el que comienza una intensa relación de la que nace Antía, su única hija. La aparente perfección sobre la que marchaban los primeros años de la relación amorosa y familiar de Julieta se quiebra de golpe ante un suceso trágico que cambiará para siempre su vida, y sobre todo, irá dinamitando en lo cotidiano su relación con una Antía callada, introspectiva y cada vez más misteriosa. Con Julieta Almodóvar apuesta fuerte por retratar con profundidad y sutileza diversos universos femeninos, al punto tal de prescindir prácticamente por completo de los personajes masculinos y volverlos meros accesorios cuasi descartables de la historia: el corazón y la columna vertebral del film son aquí la perseverancia en la fragilidad, la dureza del amor incondicional y la independencia encarnadas respectivamente en tres mujeres: Julieta, Marian (la empleada de Xoan, en un gran papel interpretado por la amada Rossy de Palma) y Antía, quien, tras sugerencia más sugerencia menos del guión, deja entrever que su salida airosa de las tragedias familiares fueron posibles gracias a una relación de amistad que rápidamente devino amorosa con Beatriz, su compañera de escuela desde la primaria. La crítica que tanto aburre y cansa no se cansó de decir, con intenciones peyorativas, que esta es la película “menos almodovariana” de Almodóvar (categorización pobre, arbitraria y absurda, como todas las de esa índole) ante la evidente falta de personajes bizarros o melodramáticamente desbordados. Frente a ese reclamo Julieta crea un cosmos sutil que refleja una serie de símbolos que construyen una pasarela que los personajes recorren desde el feminismo a lo queer, no solo en los diálogos, las miradas, los roces y las actitudes que cimientan la relación entre Antía y Beatriz desde su primer encuentro en el campamento escolar, sino también en los guiños que consolidan en segundo plano el espacio de las múltiples identidades por las que transitan todos los personajes, acompañados de fotografías y canciones de Chavela Vargas, libros de Marguerite Duras, lazos familiares exclusivamente femeninos o esculturas de varones asexuados que dejan una estela de marca registrada almodovariana en la retina del espectadorx atentx, quien, acostumbradx a sus films, sabe que no solo se debe buscar en lo que se muestra, sino sobre todo en lo que aparece cuando se desvía la mirada, porque en el desvío siempre está la clave. Probablemente esta sea su película menos “rara”, aunque a esta altura del partido cabría preguntarse si lo más “raro” que podría hacer Almodóvar no es justamente lo hecho: filmar una historia como la de Julieta y sortear todas las características esperables, propias del imaginario cinematográfico que supo crear en todos estos años. Quizás de eso se trate lo queer en los tiempos que le corren: desilusionar para crear nuevas ilusiones.

Entrevista a Pedro Almodóvar

viernes, 24 de junio de 2016

Las palículas de: Ingmar Bergman


Ingmar Bergman Guionista Ingmar Bergman fue un guionista y director de teatro y cine sueco. Considerado uno de los directores de cine clave de la segunda mitad del siglo XX, es para muchos, el cineasta más grande de la historia del cine. Wikipedia Fecha de nacimiento: 14 de julio de 1918, Upsala, Suecia Fecha de la muerte: 30 de julio de 2007,Fårö, Suecia Créditos de música de películas: La vergüenza Hijos: Linn Ullmann, Eva Bergman, Anna Bergman, Mats Bergman, Más Cónyuge: Ingrid von Rosen (m. 1971–1995), Más Entre Ingmar Bergman y Calígula Por: Alberto Benegas Lynch (h) La infancia de cada cual marca la vida, la influye grandemente, no la determina, puesto que la persona siempre debe tener presente que el segundero del reloj pasa rápido y que es su responsabilidad qué hace con su yo. No es conducente pasar el tiempo despotricando contra el padre que no le prestó la bicicleta o incluso temas mucho peores que pueden haber ocurrido. Es imprescindible arremangarse y encaminarse con decisión hacia metas de excelencia; los pretextos y las excusas no valen como escudo para no lograr lo que se debe. Ingmar Bergman tuvo una infancia por cierto difícil, llena de nubarrones y tormentas. Su autobiografía se titula Linterna mágica, que tiene un sentido figurado, que es el cine y uno literal, que consiste en que cuando era frecuentemente castigado físicamente por su padre, a quien “terminada la tanda de azotes había que besar su mano” y luego encerrado en un ropero a oscuras durante largo tiempo, llevaba consigo de contrabando una linterna que al prenderla se imaginaba una producción cinematográfica. Desde que nació, en julio de 1918, tuvo enfermedades y achaques de salud varios hasta su muerte en 2007. Inmediatamente después del parto, los médicos consideraban que no sobreviviría: “Era como si no acababa de decidirme a vivir”, escribe Bergman. Transcurrió su niñez acosado por su padre —pastor protestante—, con la noción truculenta de autoridad absoluta, pecado, castigo y misericordia, a pesar de lo cual asistió a discusiones de tono y contenido muy elevado entre sus padres; incluso en una oportunidad vio cómo el padre le pegaba a su madre. Según Bergman, “este hecho contribuyó posiblemente a nuestra pasiva aceptación del nazismo. Nunca habíamos oído hablar de libertad y no teníamos ni la más remota idea de a qué sabía. En un sistema jerárquico, todas las puertas estaban cerradas”. Sin duda que sin llegar a estos extremos inauditos, está presente la idea totalitaria en muchas familias. Los comandos dirigidos a los hijos para hacer lo que digan los padres sin discutir no sólo afectan gravemente la autoestima de la prole, sino que dan por tierra con elementales procedimientos de la función educativa, de amistad y comprensión. La conversación, la persuasión y el intercambio de ideas entre padres e hijos resultan esenciales para la formación de almas bajo su responsabilidad. En el caso que nos ocupa, no solamente puede hablarse de “la aceptación pasiva del nazismo”, sino que en otro momento de su juventud Bergman relata que en una visita al territorio alemán terminó haciendo el saludo nazi en un clima festivo en ocasión de un discurso de Adolf Hitler —el consabido asesino serial— y constató: “Los domingos la familia iba a misa solemne. El sermón del pastor era sorprendente. No hablaba con base en los evangelios sino en el Mein Kampf ”. El día del discurso de Hitler “las campanas replicaban, tanto las severamente protestantes como las jubilosamente católicas” y “en la ópera se anunciaba la obra de Richard Wagner, Rienzi, en función de gala seguida de fuegos artificiales”. Bergman declara: “Mi hermano fue uno de los fundadores y organizadores del partido nacionalsocialista sueco, mi padre votó varias veces por los nacionalsocialistas”. A esta altura es pertinente refutar con el mayor énfasis aquello que muchas veces se sostiene en cuanto a que sorprende el hecho de que un pueblo “bien educado” haya dado su apoyo a semejante movimiento criminal. Pues esto de la supuesta buena educación no es cierto, resulta de la mayor importancia constatar la gran difusión en colegios y universidades alemanas de los textos de autores que ponen de manifiesto su espíritu totalitario tales como Johann Herder, Johann Fichte, Friedrich Hegel, Friedrich Schelling, Gustav von Schmoller, Werner Sombart y Friedrich List. Después de transcurrido un tiempo, Bergman escribe, también en la antedicha autobiografía, una muy dolorosa confesión: “Cuando los testimonios de los campos de concentración se abatieron sobre mí, mi entendimiento no fue capaz, en un primer momento, de aceptar lo que veían mis ojos. Al igual que muchos otros, yo decía que las fotos estaban trucadas, que eran infundios propagandísticos. Al vencer, finalmente, la verdad a mi resistencia, fui presa de la desesperación y el desprecio de mí mismo, que era ya una carga grave, se acentuó hasta rebasar el límite de lo soportable”. Más adelante nuestro personaje se topó con partidarios de Mao Tse Tung y consignó: “El fanatismo que recordaba de mi infancia: el mismo pozo emocional, sólo que eran diferentes las banderas. En lugar de aire puro nos dieron deformación, sectarismo, ansiosas complacencias y abuso de poder”. De más está decir que en su Linterna mágica le dedica gran espacio a su profesión como director de cine y de teatro, con lujo de detalles en aspectos técnicos y no técnicos referidos a agudas observaciones de los respectivos procesos de elaboración y de ejecución, al tiempo que se detiene en observaciones también de gran calado sobre los modos y las personalidades de los actores y las actrices que trabajaron con él. Asimismo, dedica largos tramos a exhibir su vida bastante disipada, con intentos de suicido y periódicamente su adicción al alcohol, incluyendo la borrachera. Las biografías sobre Bergman son múltiples, tal vez las más conocidas sean las de Jacques Mandelbaum, Vernon Young, Jesse Kalin, Roger Oliver y, en coautoría, Maaret Koskinen y Liv Ullmann. Todos se sorprenden de la maestría, el rigor y la asombrosa producción de este célebre director y guionista magistral quien traspasó todas las fronteras y los ámbitos artísticos. Como es sabido, en estos menesteres el manejo del tiempo en los escritos puede ser lineal, circular y estanco, o a saltos para adelante y para atrás. Este último procedimiento es el que usa Bergman en el relato de sus memorias. En estas pocas consideraciones no es la intención calibrar su trabajo profesional, que además el que estas líneas escribe no está en condiciones de juzgar a pesar de haber gozado con algunas de sus producciones cinematográficas desde el punto de vista estético de las tomas, las presentaciones y los jugosos diálogos, algunos de cuyos mensajes comparto y otros no, como entiendo que será el caso de todos sus espectadores. Según algunos de sus biógrafos, su presentación de Calígula en las tablas —que Albert Camus había escrito en 1945 para teatro en cuatro actos— influyó grandemente en su percepción de los megalómanos que pretenden dirigir vidas y haciendas ajenas. Como se recordará, Calígula (12-41 d. C.) era hijo adoptivo de Tiberio y como emperador mostró su desprecio a cualquier vestigio de institución republicana; gobernó con gran crueldad en medio de agudas crisis económicas y morales; entre otras, amante de su hermana, por lo que convirtió su palacio en un burdel, al tiempo que se vestía con ropajes de Júpiter y se hacía venerar como dios y, hacia el final de su gestión gubernamental, propuso a su caballo como cónsul. Entre profesionales de la historia hay quienes lo catalogan como enfermo mental, tal como se ha hecho con muchos otros dictadores, lo cual significa que no serían imputables, en lugar de aceptar la maldad y, como explica Thomas Szasz, la patología enseña que la enfermedad significa la lesión de órganos, células o tejidos y no la de ideas dañinas (lo cual no excluye problemas químicos en el cerebro, cosa que con las herramientas disponibles en el momento no ha sido probada en el caso que comentamos, al contrario, mucho se ha escrito sobre la perversión y la malicia del sujeto de marras). En la obra de Camus, el tirano Calígula, al igual que otros de su estirpe, manifiesta: “Yo poseo la verdad. Y precisamente poseo los medios para que la gente viva la verdad”. Con mucha más sinceridad que otros de su calaña, a continuación subraya: “Todas las personas del Imperio que dispongan de alguna fortuna —pequeña o grande, eso da igual— deberán obligatoriamente desheredar a sus hijos y hacer testamento ahora mismo a favor del Estado […] no es más inmoral robar directamente que gravar con impuestos […] Gobernar y robar son la misma cosa, eso es del domino público. Pero cada uno lo hace a su manera. Yo, por mi parte, pienso robar sin tapujos”. Más adelante, Camus le hace decir a su personaje, también al efecto de descubrir su modo de ser y pensar (lo cual en lo que sigue es hoy un lugar común de todos los populismos): “Quiero concederle a este siglo la igualdad”, que puesto en contexto no necesita recalcarse que no se trata del respeto al derecho de cada uno sino de la guillotina horizontal referida a los patrimonios. Termina la perorata el sátrapa afirmando: “Me resulta fácil matar porque no me resulta difícil morir. No, cuanto más lo pienso, más convencido estoy de que no soy un tirano”. En esta línea argumental es del caso puntualizar que cuando se habla de violencia, no debe circunscribirse al robo callejero de delincuentes comunes, sino principalmente a la ejercida desde el poder político, desde el gobierno, que teóricamente está encargado de velar por los derechos de todos y, sin embargo, aplica la fuerza no de carácter defensivo sino de carácter ofensivo. En nombre de una supuesta solidaridad (la violencia nunca puede ser solidaria), usa la fuerza o la amenaza de la fuerza bruta al recurrir al aparato estatal para inmiscuirse en casi todos los aspectos de la vida de los gobernados. Se apodera del fruto del trabajo de la gente para redistribuir ingresos que al malasignar los siempre escasos factores productivos empobrece, recursos que son distribuidos pacífica y voluntariamente en el supermercado y afines; cobra impuestos siderales; se endeuda a escala astronómica; deteriora la moneda y expropia recursos para atender las llamadas empresas estatales; controla precios; establece aranceles aduaneros; deteriora el mercado laboral; establece parques de diversiones y demás dislates que nada tienen que ver con los preceptos republicanos y la consiguiente severa limitación al poder de toda la tradición constitucional desde la Carta Magna de 1215. Y lo tragicómico del asunto es que hay quienes aplauden todo esto pensando que los recursos vienen de una tienda misteriosa, sin entender que son ellos mismos lo que financian todo, especialmente los más pobres, que al disminuirse las tasas de capitalización se contraen sus salarios. La experiencia de un aspecto en la vida de Bergman nos debe servir para llevar a las últimas consecuencias la alerta sobre los horrores del totalitarismo y, sobre todo, para no aceptar avances del aparato estatal en nuestras vidas al efecto de frenar a tiempo el estrangulamiento que produce el Leviatán.